"Todos los gatos apestan"
“TODOS LOS GATOS APESTAN”
Todos los gatos apestan eso era lo que siempre decía su mamá, cuando Teté le pedía que le dejara tener un gato en casa. Pero Teté no estaba segura si eso de que todos los gatos apestan era cierto. Su amiga Martha tenía un gato, enorme, color amarillo, que no apestaba. Teté lo sabía bien. Cada vez que iba a la casa de Martha, Toribio, que así se llamaba el gato, se acurrucaba en sus piernas y nunca olía feo, siempre tenía un olor a fresquito, como si lo acabaran de perfumar, además era suavecito. Algunas veces al acariciarlo le daban ganas de dormirse, pero eso no lo sabía su mamá, porque no existía forma de hacer que se le acercara a un gato.
La culpa era Minino, un gato que su mamá tuvo de niña. Se orinaba en todas partes y luego la obligaban a ella a lavarlo todo. Desde entonces no podía ni verlos.
En eso estaba pensando Teté, cuando escucho un grito muy fuerte desde la cocina. Era su mamá. Cuando Teté llego a la cocina la encontró arriba de una silla -¿qué pasa?- Preguntó Teté, -un ratón- gritó la mamá, -¿y?- respondió Teté -como que ¿y? pues que es horrible-dijo la mamá -¿muy grande?- Sonrió Teté -¡enorme!- Contesto la otra -¡ah! ¿Y?- otra vez, preguntó Teté -ya te dije- respondió exasperada la madre -vamos a llamar al mata ratones- añadió -¡chispas! Te va poner la cocina de cabeza- contestó Teté -ni modo, no hay nada más que hacer- contestó su mamá –Okey- respondió Teté.
Teté subió a su cuarto y se sentó en la cama a pensar, se le había ocurrido una idea genial. Inmediatamente llamo a Martha, su amiga, y quedaron de verse en el parque. Ahí Teté le contó a Martha sobre el ratón, y comenzó a explicarle lo que se le había ocurrido…
-mira Martha, mi mamá no quiere a los gatos, porque piensa que todos los gatos son como el gato que tuvo de niña, por eso quiero que con el pretexto de buscar al ratón, me prestes a Toribio, para que mi mamá vea que no todos los gatos son como ella recuerda-
Martha se quedo callada un momento, y muy quedito le dijo Teté -¿pero lo vas a cuidar bien?- a lo que Teté contestó feliz -¡claro!-
-está bien- dijo Martha -pero tendrás que peinarlo y abrazarlo mucho, para que no me extrañe ¿sale?-
-¡sí! ¡sí!- gritó Teté y la abrazo.
Juntas fueron a la casa de Martha y recogieron todas las cosas de Toribio, incluido a Toribio, por supuesto, y así, Teté, cargada de cosas para gato, se fue a su casa a cumplir su plan.
Sin hacer ruido, entro al patio y en un rinconcito puso la jaula de Toribio y su arenero, tomo a Toribio, y le dijo -¡Toribio! Hay que buscar al ratón- así lo depositó en el patio de la cocina. Toribio empezó a husmear y, de repente, de detrás de la estufa salió un ratón diminuto, Toribio, de un zarpazo lo atrapó poniéndole la pata encima y ya no lo dejo moverse.
Teté le grito a su mamá, quiénn pensando que el ratón había aparecido nuevamente, bajo corriendo al auxilio de su hija, y al ver la escena, pego un grito -¡un gato!-
-Sí mamá, te presento a Toribio, él atrapo al ratón-
-¡un gato!- repitió la madre.
Tete se movió despacito, y le dijo –mami, hay que agarrar al ratón-
Las dos juntas lo agarraron y lo pusieron en una bolsa, el pobre ratón se había muerto del susto, lo envolvieron bien y lo tiraron a la basura. Al voltear la vista, Toribio seguía cómodamente acostado en medio del piso de la cocina, lamiéndose las garras, Teté lo abrazó y se lo acerco a la madre, -anda mamá, tócalo, huélelo, veras que no apesta-
-¡Teté! Le gritó su mamá –sabes que no tolero a los gatos cerca de mí-
-anda mami, verás que está bien suavecito- dijo Teté tratando de convencer a su mamá
-¡Ok!- y despacito la mamá se acerco, lo acaricio y sonrió un poco -está bien- dijo -ya nos ayudo, ahora regrésalo a sus dueños-
-mami- dijo Teté -vez que no todos los gatos apestan-
-si ya vi- contesto ella, sin ninguna expresión en su cara
-bueno si ya viste que no todos los gatos apestan ¿me dejarías tener uno?- preguntó Teté
-No, eso es otra cosa, ningún gato en mi casa- contesto la mamá
-anda mami, si me dejas veras que nuestro gato no apestará, ni dejará todo sucio, ni arañará, será un buen gato, por favor mamá- dijo Teté
La madre se quedo un momento callada y, con resignación, volteo a ver a Teté, y lentamente, dijo:
-está bien, pero tú tendrás que encargarte de él- dijo la mamá
-¡si! ¡si!- grito Teté -bravo, bravo-
Feliz, tomó a Toribio y se fue a casa de Martha para contarle y juntas pensar, qué gato compraría, al fin había logrado convencer a su mamá de que no Todos los gatos apestaban.
Autor: Aleida Molina Cruz